
Pensándolo bien, Dios les dió a los cholos una cualidad: ser del color de su tierra.
La palabra ″Cholo″ era, hasta antes que naciera Hugo Alejandro Sotil Yerén, un insulto que caía fácil en la cara cetrina de todo auténtico peruano.
Los historiadores cuentan que esta palabra nació de un tremendo error de los españoles. Los conquistadores creyeron que al caer en estas tierras desconocidas, allá por 1492, habían descubierto un nuevo camino hacia las Indias. Por eso nos endilgaron el mote de ″indios″. Y como en las Indias existía una famosa tribu de los ″Cholones″, fuertes cobrizos; a los que encontraron por acá les pusieron también ″Cholos″. Otro error.
Hay otros historiadores que explican que los españoles nos bautizaron como ″cholos″ porque, en su camino hacia el Perú, tropezaron con la tribu ″Cholula″, en México. Y, en el tránsito hacia el Imperio de los Incas, fueron regando a su paso la palabra ″cholo″, como adjetivo calificativo de los hombres que no tenían la cara blanca.


Arriba: Hugo Sotil y su esposa Guillermina caminando por su barrio en El Porvenir, meses previos al Mundial. Abajo: La familia Sotil observa el Perú-Bulgaria de México 70. En la pared resalta un cuadro del Cholo.
NACE SOTIL.
El 18 de mayo de 1948 nació Hugo Alejandro, en cuna humilde, como todo buen futbolista. Los padres de Hugo tuvieron que regar ese día todo el frente de su casa, para evitar que levantara polvo. Las visitas que llegaban por el acontecimiento merecían ese buen trato. El papá de la familia ya había apretado el gatillo de su propia bomba demográfica, un año antes. Hugo era el segundo y luego de él vendrían otros cinco Sotilitos.
¡Qué tal viejito! Buena gente y chofer de taxi de los buenos. Se rajó siempre por la familia. Por su mente no se le cruzó ni siquiera en un fugaz instante que el 18 de mayo de 1948 estaba trayendo al mundo al que sería uno de los más grandes cracks del fútbol peruano. Al que ése mismo fútbol rebautizó con le nombre cholo de ″Chotil″ y que contribuiría a la histórica reivindicación de todos los cholos que hay en el Perú.


Arriba: Sotil anota uno de sus dos goles contra Chile en la eliminatoria para el Mundial de Alemania 74. Abajo, celebrando un gol a San Lorenzo en un amistoso ése mismo año.
Así, el Cholo se convirtió en uno de los primeros ídolos con rasgos autóctonos. Y no sólo impuso su estilo de juego alegre, vivaz y pícaro. No sólo desempolvó una vieja forma de tratar bien a la pelota. También impuso un estilo de peinado que se haría popular entre los jóvenes de ″tierra adentro″, como la minifalda o los pantalones estilo marinero.
Previo al Mundial de 1970, cuando la selección estaba concentrada en el Colegio Militar Leoncio Prado, Sotil se rapó a coco cumpliendo una promesa que le hizo a ″Chito″ La Torre, quien también siguió su ejemplo. Después, se le dio por inventar un estilo de peinado, como había inventado tantas jugadas dignas de su repertorio.



Arriba: 1- Sotil y Cachito Ramírez junto con Pelé que llegó con el Santos en enero de 1970. 2- La ex Miss Mundo Madeleine Hartog-Bel acaricia la cabeza rapada de Sotil durante una visita a la concentración de los seleccionados en el Leoncio Prado. 3- Sotil posando en las alturas de su barrio de El Porvenir en febrero de 1970.
El corte surgió espontáneamente en 1972. Años antes, el Cholo era un tipo común y corriente con respecto a su arreglo capilar, tanto que probablemente insultó alguna vez a los argentinos con el clásico: ″¡Pelucones!″.
Pero era un estilo que no se podía ni describir ni clasificar. Una especie de ”peinado despeinado″. Tal vez podría denominarse ″estilo cascada″, porque el pelo caía caprichosamente, así no más porque sí.
El peinado le quedaba súper bien porque hacía juego con sus facciones. Con esas narinas amplias y esos pómulos clásicos de los aborígenes de la cultura Paracas. Y además porque era lampiño como todos nuestros cholos. Fue por ello que sus hinchas lo adoptaron como un estilo de peinado propio. Tal vez era el subconsciente que perseguía a quienes se peinaban al ″estilo Sotil″. Un subconsciente que les ordenaba a calcar a un cholo triunfador como los que no había.
Era un look que le caía al pelo al hirsuto goleador y lo dejaba jugar sin tropiezos. El Cholo se mandaba cortar siempre ″el cerquillo″, para poder observar a través de esa maraña azabache que le caía por los ojos. Significaba además, un ahorro para sus seguidores. Era un peinado que no necesitaba de peine.



Y así, se hizo moda. La marca de fijadores ″Glostora”″ de la empresa Sidney Ross, contrató los servicios del Cholo junto a otros destacados deportistas para una campaña publicitaria. Estaban conscientes que el estilo de la juventud ″rebelde″ era la de llevar un cabello largo y suelto, pero su lema era no lucirlo despeinado y relevar con buen ejemplo. Un aviso a colores mostraba al Cholo dominando la de cuero con el fondo verde alga del club ″El Bosque″, y con el sello inconfundible de Glostora, ″la marca de hombres″. El póster se convirtió en un clásico de las peluquerías.





Sin embargo, aquel cambio resultó forzado y artificial. La esencia de Sotil —reflejada en su cabello, su fútbol y su vida, con todos sus excesos incluidos— emanaba de la calle. Fue ahí donde se forjó, donde encontraba seguridad y donde siempre anhelaba regresar, incluso en sus mejores tiempos, cuando saboreaba los lujos más exquisitos de Europa y destacaba en la élite de su fútbol. El Cholo nunca dejó de estar profundamente arraigado a sus orígenes.
″Nunca abandonaré la pelota de trapo y siempre preferiré cambiar el césped por el asfalto″, declaró a La Tercera de La Crónica en marzo de 1970. Tenía apenas 20 años, pero en esas palabras resumían la filosofía que definió su vida para siempre.
Dedicado a Hugo ″El Cholo″ Sotil (1949-2024)

TIEMPO EXTRA








Se formaron juntos en Alianza, se comprendían a las maravillas y en sus mejores momentos fueron ″la dupla de oro del fútbol peruano″. Sotil y Cubillas,″los compadres″, piezas fundamentales de la selección en los 70s.

Envoltura del clásico chocolate ″Golazo″ de Motta en su versión del año 1977. La imagen ilustra el gol de cabeza realizado por Sotil contra Chile en Lima, durante el partido eliminatorio para el Mundial de Argentina 78.

CORRECCION DE TEXTO : (Sotil) » Tambien impuso un estilo de peinado TALCO (tal como te levantastes) que se haria popular entre los jovenes MACETA (de tierra adentro) »
Todo Tiempo Pasado fue Anterior … Asllakama Cholo !
https://www.youtube.com/shorts/zvWxeyPKzxU?feature=share
Excelente recopilación de la trayectoria del Gran Cholo Hugo Sotil 🇵🇪🇵🇪
Alguien sabe si el partido amistoso Peru Bulgaria fue televisado?
Si, el partido amistoso del 24 de Febrero 1970 entre Peru (5) y Bulgaria (3) fue transmitido , pero, en DIFERIDO (debido a la diferencia Horaria)
BNT 1, el Canal Bulgaro del Gobierno Comunista, lo colgó como parte del programa:
«По света и у нас» (Alrededor del Mundo y en Casa). – Todavia existen algunos extractos en Youtube- House of Highlights – . Informó ! el Fregón Deportivo
Quiero dejar el comentario de escritor y poeta Jose Carlos Yrigoyen; el cual le dejó un artículo post-morten: Hugo Sotil resultó enceguecido por la luz del calor popular, que en el Perú alza a los hombres hasta otorgarles la altura de deidades para después disfrutar viéndolos caer en cámara lenta. Esa fue la bendición y la tragedia del Cholo Sotil.
Hugo Alejandro Sotil Yerén (Ica, 1949) nació, como la mayoría de jugadores peruanos, en un hogar pobre que lo obligó a hacerse adulto prematuramente. Fue lustrabotas, vendedor de canchita y cargador de bolsas de café más pesadas que él en una fábrica. Su madre, una mujer dura y abnegada, quería que fuera médico. Le tenía alergia a la posibilidad de que su hijo se perdiera en la vida disipada y bohemia del futbolista, pero Hugo sentía un impulso imposible de aquietar cuando le ponían una pelota en los pies. Cada vez que sus amigos le pedían que saliera a jugar, recordaba las advertencias de su progenitora: solo tenía un par de zapatos, que le había costado mucho esfuerzo comprar, y si los maltrataba jugando pelota en la calle el castigo era enfrentarse a la correa o al sanmartincito; felizmente para nosotros, la alegría de hacer magia con el balón era mayor que el temor a cualquier reprimenda. Cuentan que un día su mamá, segura de que Hugo había vuelto a desobedecerla, fue a buscarlo para llevárselo del pescuezo a la casa y hacerlo recapacitar a chicotazos. En una esquina vio a decenas de chiquillos haciendo un círculo y, cuando asomó su cabeza sobre la desarrapada multitud, se encontró con que todos contemplaban absortos a su hijo, haciendo acrobacias con la pelota, dejando a los rivales regados en el suelo con una facilidad impresionante, anotando un gol tras otro entre las dos piedras que fungían de portería. Ese día la señora Yerén entendió que no se debía contrariar a la naturaleza y que el destino de Hugo no estaba entre escalpelos y estetoscopios, sino en los chimpunes y los oles de una tribuna conmovida.
Quien viera el físico de Sotil no hubiera dado mucho por el futuro de su carrera futbolística: de apariencia poco ágil, de corta estatura, no era la suya precisamente la imagen de un atacante temible. Pero todos esos prejuicios se desintegraban cuando se ponía a jugar. Su talento, manifiesto, objetivo, convenció a un dirigente del Municipal, Enrique Noriega, de contratarlo para su equipo, que peleaba el ascenso a primera división. Sus capacidades le permitieron saltarse todas las escalas y conducir, en aquella mítica campaña de 1968, al equipo de los barrenderos a cumplir sus propósitos. Su juego era tan vistoso y fulgurante que el público repletaba el estadio San Martín de Porres solo para verlo; de ahí a que se exigiera su convocatoria a la selección nacional solo había un paso. Didí lo llamó para que jugara los amistosos premundialistas y luego lo inscribió en la lista de los jugadores que viajarían a México. Fue tan popular que el director Bernardo Batievsky, rendido admirador de sus regates y gambetas, lo hizo actuar como él mismo en una película titulada Cholo (1972) que, más allá de la hermosa banda sonora de El Polen, carece de valor cinematográfico alguno.
Solo cinco años después de haber abandonado el fútbol amateur, la dirigencia del Barcelona le propuso jugar con la camiseta blaugrana. Él lo cuenta así: «Esa noche, después de jugar un partido, llegué a mi casa y la muchacha que trabajaba con nosotros me dijo: “Señor, hay cuatro gringos esperándolo”. “¿Gringos?”, pensé; “aquí vienen indios, cholos, pero gringos, no”. Eran el entrenador, el presidente y dos dirigentes más.Rinus Michels me preguntó si quería viajar a España. Y yo le dije que sí y ni siquiera sabía para qué equipo era». La primera temporada del Cholo en la madre patria fue excepcional: no solo marcó dieciséis goles, sino que junto a Johan Cruyff le dio un título de Liga al club después de una sequía de catorce años. Quizá el partido que más se recuerda de ese campeonato sea el 0-5 que el Barcelona le propinó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, no tanto por el abultado marcador, sino por la sensacional exhibición que el holandés y el peruano, apoyados por jugadores españoles célebres como Asensi o Rexach, brindaron frente al equipo blanco.
Esa temporada en el Barcelona debió ser el principio de una carrera estelar, pero fue más bien el pico más alto que Hugo Sotil experimentó.
De ahí, todo se fue yendo lentamente al garete. La explicación es predecible y terrible a la vez: el niño que debía cuidar su único par de zapatos como si fueran de oro, que vendía comida en la calle para sobrevivir, ahora cobraba un sueldo que jamás había imaginado y tenía a la Ciudad Condal a sus pies. No supo cómo asumirlo, qué papel representar y empezó a dilapidar su fortuna en la vida nocturna barcelonesa, en los relojes caros, en un chirriante Ferrari amarillo que se volvió involuntario emblema de su disipado modus vivendi. A Michels le disgustó enterarse de las salidas de Sotil, casi todos los días, hasta altas horas de la noche, y lo fue marginando del equipo titular, hasta que prácticamente solo jugaba los partidos de pretemporada. En los torneos oficiales su producción fue escasa: quince tantos en los dos siguientes años.
En 1977 regresó a Alianza, donde fue bicampeón nacional e hizo una buena Libertadores en 1978, con cinco goles en su haber. Su segunda oportunidad fue en el Independiente de Medellín, pero los excesos habían mellado su energía y rapidez: ya no era el mismo. Debió finalizar su carrera en Municipal, como quien cierra un círculo, pero sus problemas económicos —no le quedaba un centavo de su aventura en el Barcelona— lo obligaron a continuar jugando en equipos de tercera línea, como Los Espartanos de Pacasmayo o Deportivo Junín. Lo que siguió fue el abismo. Ejerció oficios menores para comer, se volvió de las masas otro más, los reportajes lo reflejaban como el más arquetípico ejemplo de decadencia humana.
Teófilo Cubillas relató, a finales de los ochenta, que su compadre lo visitó una tarde y, demolido por la melancolía, le confesó: «A ti, todo el mundo te quiere, eres una figura, todos te respetan. En cambio, el Cholo Sotil… el Cholo Sotil es una mierda». Cubillas apostilló a su entrevistador: «No, cómo mi compadre va a ser una mierda, eso no es verdad». Durante los noventa y a inicios del nuevo siglo, Hugo Sotil no levantó cabeza, hasta que el Barcelona demostró algo que nosotros los peruanos usualmente no tenemos: memoria y agradecimiento. Lo rescató de la miseria y la incomprensión, lo homenajeó en el Camp Nou, lo nombró socio ilustre y le pagó una pensión para que pudiera vivir con dignidad. Pero más allá del dinero le brindó algo más valioso, lo que persiguió durante toda su existencia: un poco de paz. Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10161608164256773&set=a.409373681772